Abuelos calientes


Una pareja de abueletes están viendo la tele, muy atentos a un reportaje sobre películas porno y después de un buen rato le dice la abuela a su pareja:

-Oye, Pepe, ¿por qué no vamos a ver una noche una película de esas, que ya me está intrigando el tema?

Y le dice el marido:

-Pero Carmela, ¿dónde vamos tú y yo a estas alturas, si ya no damos ni chispa?

-Mira, Pepe, yo no quiero perderme esa experiencia…

Al final lo convence y van al cine a ver una peli porno. Ella se pone como una estufa en enero y él más salido que una lechuga en agosto, así que salen del cine corriendo hacia casa para meterse en la cama y desfogarse. Pero para llegar antes, atajan por un basurero y Carmela ve un viejo somier en una esquina y le dice a Pepe:

-Vamos a tumbarnos en ese somier y hagamos el amor ahí mismo, yo ya no puedo más…

Al final se acuestan allí y cuando están en plena faena el somier viejo y oxidado comienza a producir un soniquete “yin yan, yin yan, yin yan…” y así durante un rato, por lo que le dice la mujer al marido:

-Pepe, vamos a tener que echar “tres en uno”…

El abuelo, todo sudado y asustado, le contesta:

-!Para Carmela, vamos a ver cómo nos sale este y luego hablamos…!

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Los dos amigos



Con el paso de los años Ernesto y Julián, amigos desde el colegio, siguieron derroteros diferentes y en la edad madura, Ernesto se convirtió en tremendamente rico y Julián tuvo mala suerte y se volvió un pobre de solemnidad. Ernesto iba increíblemente vestido, portaba Rolex de oro en su muñeca y lucía un diamante de varios quilates en su dedo. El pobre Julián tenía que soportar las chanzas de Ernesto y su mala saña. Así que un día que se encuentran por la calle, Julián aprovechó para pornerle las peras a cuarto, cansado de que siempre le tenía que incordiar con sus desprecios. Porque Ernesto empezaba siempre a pinchar a Julián a la mínima oportunidad.

-Ole tus gracias, Julián, no tienes dónde caerte muerto y estás fumando rubio americano…

-Pues no voy a ser como tú, que a pesar de tu fortuna fumas Ducados, con lo malo que es para tu salud…

-Bueno, eso lo dices por envidia

-No, no, Ernesto… allá tú y tus manías

-¿Pero qué tiene el Ducados que no tenga el tabaco que tú fumas?

-Hombre, Ernesto, los Ducados son los Celtas camuflados y ya sabes cómo llaman a los Celtas…

-Pues Celtas, ¿cómo los van a llamar?

-Ay… todo lo que tienes de rico lo  tienes de ignorante… A los Celtas los llaman la tortilla

-¿Y eso por qué?

-Pues muy sencillo, porque están hechos de hoja de patata y hay que echarle un par de “güevos” para fumarlos.

A todo esto Ernesto comienza a ponerse todo rojo, le empiezan a salir unas ronchas por toda la cara y casi no podía ni respirar. Julián, muy humilde, le dice con sorna:

-Perdona, Ernesto, no me di cuenta de que eres alérgico a los huevos…

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El genio de los deseos




Están un catalán, un gallego, un cazurro y un asturiano de senderismo por Somiedo y de repente se les aparece un genio entre unos eucaliptos diciendo que les concede un deseo a cada uno.

El catalán no pierde el tiempo en ir a lo suyo y dice:

-Yo quiero que Cataluña sea un país independiente.

El genio mueve las manos y… ¡zas! En los GPS aparece una frontera en Cataluña y al catalán se le materializa un  pasaporte en la mano, con la estelada en la portada.

El gallego tampoco pierde el tiempo en avistar el negocio y dice:

-Yo quiero que en Galicia las rías se llenen de almejas enormes que nunca se acaben y que los percebes abunden tanto que no se vean las piedras.

El genio mueve las manos y… ¡zas!, le entra un whatsapp de la cofradía de mariscadores al gallego diciendo que aquello es como cuando el chapapote lo tapó todo, pero esta vez con almejas y percebes.

El cazurro tampoco queda a la zaga y dice:

-Yo quiero poder ir a la playa de Gijón más rápido y más barato, que lo del Huerna en verano me sale por un ojo de la cara.

El genio agita un buen rato las manos y… ¡zas!, al momento le desaparecen al cazurro los tickets de la autopista y, en su lugar, se materializan unos billetes usados del AVE.

El asturiano se queda muy pensativo, por lo que el genio le pregunta:

-¿Y tú qué? ¿Tú no me vas a pedir nada?

A lo que el asturiano responde:

-¿O sea, que los catalanes ya no van a tocar más los cojones con el putu independentismu, va a haber almejes y percebes el añu enteru y a preciu risa, la autopista del Huerna ya ye gratis y la variante de Pajares ya tá terminá?

¡¡¡PUES YO QUIERO UNA CAJA SIDRA, QUE ESTO HAY QUE CELEBRALO!!!

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El delantal de la abuela


¿Te acuerdas del delantal de la abuela? La principal función del delantal de la abuela era proteger el vestido que estaba debajo. Pero, además, servía de agarradera para retirar la sartén más que caliente del fuego. Era una maravilla secando las lágrimas de los niños y, en ciertas ocasiones, limpiando sus caritas sucias.

El delantal servía para transportar desde el gallinero los huevos, los pollitos que necesitaban terapia intensiva y a veces los huevos golpeados que terminaban en el horno. Con él se recogían los frutos que caían de los árboles al terminar el verano. Cuando llegaban visitas, el delantal de la abuela servía de refugio a los niños tímidos y, cuando hacía frío, la abuela se envolvía los brazos en él. Servía también de canasto para llevar las verduras desde la huerta.

Cuando se acercaba la hora de comer, la abuela salía a la puerta y agitaba el delantal, y entonces los hombres que estaban en los campos comprendían de inmediato que el almuerzo estaba listo. Después de usarse en la cosecha de la cebada, le tocaba el turno con los repollos. Cuando alguien llegaba inesperadamente, era sorprendente la rapidez con que el viejo delantal podía sacar el polvo de los muebles.

Pasarán largos años antes de que alguien invente un objeto que pueda reemplazar aquel viejo delantal que tantas funciones cumplía… Ahora no tienen que proteger el vestido, dado que hay muchos y tenemos máquinas que los laven. Las agarraderas de las sartenes ya no queman. Las caritas de los niños las lavamos con toallitas húmedas. El fuego lo avivamos con un botón o una llave. Y el polvo lo quitamos con bayetas ecológicas que lo repelen…

En recuerdo de mi abuela, hoy tengo colgado en mi cocina un DELANTAL, que me recuerda a aquella persona tan querida y que tantas cosas fue capaz de hacer con el delantal y… sobre todo, con mucho cariño. Este es mi delantal (musical, como yo):

DEDICADO A LAS ABUELAS

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La biblioteca

laemptybiblioteca

La biblioteca de la Universidad estaba repleta de gente…

Un joven encontró un lugar al lado de una morenaza y le preguntó:

-¿Está libre…? ¿Te importa si me siento a tu lado?

La chica le respondió en voz bien alta:

-¡No quiero pasar la noche contigo!

Todos los estudiantes que estaban en la biblioteca clavaron su vista en el joven, quien se sintió avergonzado… y se retiró a otra mesa, que también tenía un asiento libre.

Después de unos minutos, la chica se encaminó a la mesa del joven y le dijo:

-Yo estudio psicología y sé perfectamente lo que piensa un hombre… Te hice sentir avergonzado, ¿verdad?

El joven le contestó en voz bien alta:

-¿1.000 euros por una noche? ¡Es carísimo!

Todo el mundo en la biblioteca clavó la vista a la rubia que estaba pálida… Entonces el joven le susurró al oído:

-Yo estudio Derecho… y sé cómo hacer sentir culpable a una persona…

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Pechos y penes


Una familia feliz está en la mesa para cenar cuando el hijo hace una pregunta:

-Papá, ¿cuántos tipos de pechos de mujer existen?

El padre, algo sorprendido, responde:

-Bien, hijo mío, existen tres tipos:

De los 15 a los 30 años la mujer tiene pechos como limones, firmes y preciosos, da gusto verlos.

De los 30 a los 50 son como peras, todavía bellos, aunque un poco caídos…

A los 60 son como cebollas…

El hijo dice:

-¿¿Cebollas??

El padre responde:

-Sí… Cuando los miras, te dan ganas de llorar…

Esta explicación lleva a la hija a decir a su madre:

-Mamá, ¿cuántos tipos de penes existen?

La madre se queda un poco sorprendida, pero mirando al marido responde:

-Bueno, hijita, un hombre pasa por tres fases distintas:

De los 15 a los 30 años el pene es como un tronco de roble, respetable y firme.

De los 30 a los 50 años el pene es como un tronco de sauce llorón, flexible pero confiable.

Después de los 60 años el pene queda como un árbol de Navidad.

La hija, sorprendida, dice:

-¿Árbol de Navidad?

La madre le responde:

-Eso mismo, casi muerto de la raíz a la punta y las bolas cuelgan como decoración… Pero lo peor es que ¡¡sólo se monta una vez al año!!

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El prau


Soy un prau. Gústoyos a les vaques y elles a mí. Soy sexy pa los rumiantes. Ye un magnetismu irresistible el que tenemos. Lo meyor de ser prau: les vaques. Les oveyes tamién me gusten, pa qué negalo. Lo peor: les fiestes. Plántente encima unos toldos y unos escenarios que meten mieu y luego clávente los tacones en los pasodobles y escánciente encima y pónente perdíu de cacharros o vomítente si son guajes los de la fiesta. Tengo un amigu, el prau de Salceu de Pravia, que pasa el añu temblando, temiendo que vuelvan otra vez allí con el “Xiringüelu”, que lu deja fatal y revueltu pa unos cuantos meses. Lo que él quier ser, nun para de decímelo, ye pasto de altura en un puerto, onde pué estar tranquilu con les vaques y, si acaso, con algún ganaderu. Ye verdá, si yes pastu en un mayáu eches una yerba mullidina de impresión.

Hay muchos como yo en Asturies, exactamente somos el 29,93 por ciento del territorio y hay mucha xente que mira pa nosotros y emboba del tó. Pásayos mucho a los madrileños y a la xente de más abaxo, sobre tó, que nun lu tienen en casa. Nunca lo vieron tan verde, aquéllo ye un socarral, da pena. Menos los campos de golf, claro, que tán tol día regándolos y así reverdecen. Pero ya lo aviso, una cosa ye ser un prau y otra cosa muy distinta ser un green pal golf. Si yes un green, siémbrente y tiénente como un señoritu, pero siénteste como vacíu, nun tienes historia, no formes parte de nada y, además, igual te pasa por encima Esperanza Aguirre, que va mucho al golf, dicen. En cambio ser un prau ye una cosa muy ancestral: tuvo que trabayate bien el diente del ganao y los paisanos yendo a la yerba. Y todo eso, durante años, durante muchos años, siglos incluso. Hasta que tú empieces a formar parte de ellos y ellos de ti. Y así acabáis haciendo paisaje, esti paisaje que tanto gusta a los madrileños pero que no ye un green, que ye una forma que tenemos de pintar el mundo pa que dure muchos años más y lo hereden los fíos y los nietos. Por eso yo, y no les molesto más, les pediría que piensen un poco en nosotros, en el diente de la vaca y la oveya que esculpieron estos praos y en el paisanu que nos segó a su imagen y semejanza. Lo digo porque cada vez hay menos gente en el campo y los praos somos ya una especie en extinción. Como diz un amigu míu que ye muy listu: “Esto ahora ye el Paraísu Matorral”

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